Que cierto es que para aprender nos debe interesar lo que estamos conociendo,
y además también nos debe emocionar.
Recientemente leí en el diario El País que durante el año 2010 un equipo
de investigadores del famoso Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT),
realizaron un estudio neurológico para probar el nivel de atención de un
estudiante durante su asistencia a clases. El resultado fue que su nivel de
actividad cerebral era tan nula durante las clases magistrales, que esto solo
confirmó que no hay verdadero aprendizaje cuando el alumno no participa en su
propia enseñanza.
¿Es esto una sorpresa? Yo creo que no.
El cerebro necesita emocionarse para aprender.
De acuerdo con estas investigaciones, los científicos concluyeron que
para que el cerebro admite información nueva, estos datos deben ser procesados
desde el hemisferio derecho del cerebro, relacionado a la creatividad,
intuición y las imágenes.
Estos expertos consideran necesario sustituir las clases magistrales por
soportes más visuales como mapas conceptuales o mentales, así como videos con
apoyos informativos como gráficos interactivos, que requieran la participación
de los alumnos.
Además, también apuestan por el trabajo colaborativo, ya que el cerebro
es un órgano social y aprende cuando labora en conjunto con otras personas.
Lo cierto es que la educación no desprende sus métodos de la tecnología,
ambas avanzan al mismo tiempo y es necesario estar al día.

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