Libre Soliloquio

Ideas convertidas en letras digitales

La bruja incomprendida

Bruja incomprendida


Hace muchos años, pero no tantos, una brujita del norte, con ambiciones de prosperar y prepararse en las artes de la magia, se fue a vivir al Sur en la búsqueda de nuevas oportunidades.

Cassandra era una bruja morocha, de contextura delgada, rasgos finos y ojos casi dorados.


Hasta ese momento, había dedicado su vida a desarrollar junto a su madre y hermanas, las mejores pociones para aliviar todo tipo de malestares del cuerpo y el corazón. 


En casa, le hacía bromas a sus hermanas, todos la consideraban muy traviesa.


Pero ella estaba decidida a triunfar por su cuenta y mezclar aún mejores pociones para vender a los sureños que tenían bolsillos más abultados.


Al poco tiempo de llegar, envió una solicitud para trabajar en el castillo embrujado de las infusiones, el cual le respondió tan solo dos días después.


Cassandra estaba que reventaba de emoción. Sus expectativas estaban por las nubes. -Finalmente todos conocerán mi talento y triunfaré en el gran país del Sur- se decía mientras cargaba sus instrumentos especiales en su mochila de cuero caminando a su nuevo empleo.


Al entrar se quedó sin aliento, en el lobby había decenas, cientos, miles de botellitas con pequeñas etiquetas enumeradas en repisas que parecían alcanzar el cielo. Cassandra estaba tan contenta que sentía el estomago lleno de mariposas.


Al principio estaba muy entusiasmada de haber encontrado lugar en aquel castillo tan magnífico. Cómo sabía muchísimo de pociones, a menudo corregía a sus colegas, ella no se daba cuenta pero esto incomodaba mucho a los demás.


Cassandra escuchaba murmullos cuando pasaba, a veces hasta risas, hasta que un dia se preparó un te de Camellia y al probarlo…¡estaba salado!. Así se dio cuenta de que las bromas habían alcanzado un nuevo límite.


La brujita estaba harta de la mala actitud de sus compañeros así que decidió acusarlos, pero su supervisor no la tomó en cuenta. 


Cassandra se sentía triste, la hacían trabajar muy duro y a veces ni la recompensaban como se merecía.


Entonces, como un relámpago en sus pensamientos, se le ocurrió una receta de una poción para endurecer su corazón hasta hacerlo de piedra y volverse insensible con los demás.


Al siguiente día, era como un robot, no escuchaba murmullo alguno, no se molestaba por nada, estaba impávida ante todo y todos.


Así pasaron las semanas, meses y años. Cassandra era imparable, había alcanzado el puesto de jefa suprema de pociones y estaba decidida a exigir el máximo a los demás.


Cada persona que entraba duraba hasta tres meses, se había vuelto muy duro ser parte del castillo. Algunas brujitas novatas salían por la puerta de atrás bañadas en lágrimas.


Un día, una brujita muy juguetona, de baja estatura, ojos purpura, parlanchina y de buen corazón, se acercó a Cassandra para preguntarle por los trufas blancas mezcladas con ajenuz. Ella le respondió un par de palabras y se dió la vuelta.  La brujita muy contenta con su respuesta, se fue dando pequeños saltos de alegría.


Al siguiente día, Lily, la pequeña brujita, le preguntó por los hongos de pino y el aceite de coco. Cassandra le respondió, está vez más extendido, sabía muchísimo de hongos y le encantaba explicar, hacía mucho que no lo hacía.


Poco a poco Cassandra y Lily pasaron de a penas saludarse a tener extendidas charlas sobre escarabajos escolotinos o ancas de anuro.


-No eres como dicen los demás- Le aseguró Lily con tono amable.- Creo que tus recetas son tan buenas que podrías tener tu propio negocio.


Cassandra solo sonrió, y muy dentro de sí escuchó una roca resquebrajarse. 


Finalmente, después de varias semanas, su corazón de piedra abrió una brecha y dejó entrar dulzura, la cual de a poco curó las antiguas heridas de su alma y le permitió reír como no lo hizo en mucho tiempo. 


Cassandra reflexionó y llegó a la conclusión de que no necesitaba un gran castillo para demostrar su talento. Ahora estaba segura de que con todo su conocimiento y su corazón brillando de alegría por hacer lo que tanto amaba, estaba lista para construir su propio palacio de pociones.


Comenzó por una pequeña casa con lo mejor de su repertorio de hechizos y pociones, y poco a poco creció. Un par de año después, ya tenía su propio palacio de magia, con su amiga Lily como mano derecha.


Y así fue como las risas,  la amistad, la amabilidad, el trabajo duro, mucha voluntad, humildad y sueños sin límites, le permitieron a nuestra brujita encontrar su verdadero camino para destacarse en la vida. A pesar de los tropiezos y las críticas, creyendo firmemente en sí misma fue capaz de triunfar.


Todos tenemos la capacidad de triunfar, no lo olvides. Con una pequeña ayuda de tus amigos, todo es posible. 

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