Libre Soliloquio

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Una lección de Humildad



Historia de un inmigrante: una lección de humildad

La humildad es un valor que desarrollamos al convertirnos en inmigrantes.

Cuantos relatos de zapatos desgastados, de caminatas interminables, de angustia y de llanto, he escuchado y he vivido en ese plan de buscar el dinero para pagar las cuentas.

Afuera cada historia es distinta. Hay quienes encuentran sustento a los días, al mes o a los meses. Incluso quienes, acabando de llegar encuentran en su especialidad profesional.

Para mí, la rapidez depende de la voluntad y del empeño. De que a pesar de que estés cansado y tengas ampollas en los pies, simplemente decidas no rendirte.

Hay quienes tienen un poco de suerte y otros no tanto.

Señores, los extranjeros somos mano de obra barata, sépanlo. Juegan con nuestra necesidad y nuestra tenacidad y muchas veces, se aprovechan al no considerarnos igual que los propios.

Una vez que consigues ese primer trabajo...ja, ja, ese primer trabajo. Muchos no saben cuántos ingenieros les sirven café o psicólogas que les venden zapatos: he aquí la lección humildad.



Bajados de aquel trono de oficinas, salones de clase o de prensa, trailers en una obra de construcción. Pasas de coordinar, planificar, elaborar, ejecutar, escribir, imaginar, crear, discutir, exponer, a vender, cocinar, ofrecer, limpiar, sacudir polvo, organizar cajas, llenar azucareros y hacer café.

Cuánta fortaleza tenemos y cuanta humildad para aceptar (por el tiempo necesario, pero no para siempre) todas las tareas para las que NO estábamos preparados.

No es fácil. Agachar la cabeza cuando te dicen que no lo haces bien, que eres lento. A veces te provoca decir cosas como: ¿Tienes idea de todo lo que estudié y de los años que me quemé las pestañas para que tú me vengas a decir que no sé cocinar una hamburguesa?

Pero el punto es que este no es nuestro territorio conocido. Se trata de oficios que nunca pensamos que tendríamos que ejercer. Pero como me dijo un compañero de trabajo, extranjero también: acá toca hacer de todo.

Al final, se trata de sacarle lo bueno a nuestra situación. Como seres humanos crecemos mucho. Ya no veremos al vendedor o al camarero (mesonero) como uno más. Ahora sabemos por todo lo que les toca pasar y nuestra empatía hacia quienes nos rodean, aumenta.

Yo me recuerdo a mi misma que no vine de cero, porque tengo. No debo olvidar que tengo una profesión, tengo diplomados, tengo estudios y estoy segura de que un empleador sabrá sacar provecho de mis habilidades y de todo lo que sé que tengo para ofrecerle a la sociedad. 

Tú tampoco lo olvides.

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