Es de conocimiento común que el internet cambió nuestras
vidas para siempre.
Desde su inicio en la década de los noventa, ha pasado
desde una ventana de exposición de conocimientos de expertos, a una red donde
todos podemos interactuar y aportar información.
“La web 2.0 da inicio cuando los usuarios comienzan a
colaborar en los contenidos de las páginas web” así lo expresa el padre de la
World Wide Web, Tim Lee Berners en 2001.
Son prácticamente infinitos los ámbitos de la vida
cotidiana que se han visto transformados por la influencia de la red virtual,
pero la ventaja del internet, que más aplaudo, es la del acceso al
conocimiento.
Esta representa una ventaja cultural que en décadas
pasadas no existía.
Hoy en día los hechos se convierten en noticias globales a
una velocidad impresionante. Ya no es patrimonio exclusivo de los periodistas y
medios de comunicación la difusión de los acontecimientos actuales, basta con
presenciar un suceso y tomar una fotografía acompañada de una breve descripción
en twitter, para que el mundo conozca una situación determinada, como fue el
caso de la primavera árabe que resultó en profundos cambios políticos para
varios países que llevaron a cabo manifestaciones.
Sin embargo, el acceso de todos a colaborar en la
plataforma del saber, hace que nos veamos ahogados en un mar de información. Es
en ese momento en el que debemos distinguir la tecnología como una herramienta
y no un fin, y de esta manera aprender a utilizarla, sobretodo en el plano de
la educación. No se trata solo de
facilitarle una computadora o un smartphone a un estudiante, sino de enseñarle
la manera óptima de sacarle provecho.
La web nos facilita acercarnos a todo tipo de
conocimientos, tanto prácticos como teóricos. Podemos estudiar sobre temas tan
diversos que se hacen infinitos, como por ejemplo desde el periodo azul de
Picasso hasta la música popular de la década de los veinte, desde las últimas
tendencias de la moda vintage hasta la vida de activistas sociales como Malala
Yousafzai.
Sin embargo, siempre debemos tomar en cuenta que tan
fiables son las fuentes, dependiendo del objetivo que queramos alcanzar con
nuestras investigaciones.

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