Si bien es cierto que el impacto mayor de la expansión de
internet ha dejado mayor huella en la forma en la que nos conectamos con
nuestros semejantes, en entradas anteriores dejé establecido lo que para mí
corresponde al impacto en la forma en la que accedemos a la información y en
cómo aporta a nuestra economía.
El último punto que quiero tocar sobre el impacto de la
web 2.0 es el que ha tenido mayor auge en la última década: las redes sociales,
que amplían a pasos de gigantes el panorama de la comunicación.
Entendemos por red social una organización conformada por grupos de personas, las
cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como
amistad, parentesco, intereses comunes o que comparten conocimientos.
El origen de las redes sociales en
Internet inicia aproximadamente en 1995, cuando se crea el sitio
web classmates.com. En 2002 comienzan a aparecer sitios web promocionando las
redes de círculos de amigos en línea, y luego se populariza el término en 2003
con la llegada de sitios tales como MySpace o Xing.
Mucho se ha hablado de que las redes sociales deshumanizan
las relaciones interpersonales al perderse el vínculo físico, pero por otra
parte, acerca a los seres queridos o conocidos que por razones de distancia o
económicas no pueden tener encuentros en persona. Entonces, la plataforma web
se convierte en la herramienta que mantiene y hace florecer relaciones a
distancia.
Además, más allá de la información a la que permite
acceder, como mencione en líneas anteriores, está el tema de la identidad
virtual.
Nos hemos convertido en seres humanos con dos caras: un
rostro y una personalidad 1.0 (y no existirán versiones posteriores) y una
faceta online 2.0.
Si bien es cierto que nuestra imagen virtual nos convierte
en una vitrina de nosotros mismos, de lo que pensamos, de lo que nos gusta,
nuestras opiniones y de sólo lo que queremos mostrar, en algunos casos como
personas exitosas y siempre felices, también nos permite construir conexiones
que se trasladan a la realidad.
Todos hemos hecho contacto con alguien que conocimos en un principio a través de Facebook, myspace o hasta Instagram, creando inclusive amistades que han durado años. Estas plataformas nos conectan y nos introducen entre nuestros semejantes con familiaridad.
De si estos medios nos unen más o nos separan, depende del uso que le de cada quién.


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